Para decir la verdad, tengo una relación particular con la escritura, nunca escribí de forma desenfrenada o continua. Siempre o por lo menos casi siempre, volcar letras en un papel significó para mi aliviar un dolor, sólo escribo cuando necesito expresar sentimientos o molestias que no puedo compartir en profundidad y eso realmente me hace sentir mejor, soy otra persona cuando las palabras ya están inmortalizadas en un papel, no sabría explicar el por qué, pero eso es lo que me pasa.
Esto tampoco significa que no haya escrito otras cosas pero la mayoría fueron tareas escolares.
Recuerdo que empecé a hacerlo cuando me regalaron mi primer diario íntimo a los ocho años, allí ponía todo lo que me pasaba durante el día, más adelante sólo cuando se trataba de una ocasión especial ya fuese buena o mala, y al ir creciendo sólo me dediqué a escribir para desahogarme. Todavía sigo teniendo cuadernos, llenos de frases y pensamientos.
Creo que siempre fui una enamoradiza y la mayoría cuenta sobre historias de desamores y de amistad.
Cuando era chica intenté escribir cuentos extensos pero siempre los dejé por la mitad, una vez de haberlos empezado tenía que terminarlos porque para mí ya no era lo mismo, con el paso de los días se perdía la esencia de lo que quería transmitir y los abandonaba.
Junto con la llegada de la preadolescencia también llegaron los problemas sobre la identidad (lo que soy, lo que no soy, lo que quiero…). Desde ese momento las poesías tanto en verso como en prosa fueron el instrumento para plasmarme a mi misma. Reconozco que son confusas, nunca quise que nadie las entendiera del todo, son cosas que quiero guardar para mi misma y para el destinatario inventado por mí para que las leyera, por eso están llenas de metáforas y poseen pocas explicaciones.
La mayoría son triste y algo trágicas, por lo que ya comenté, algunas son muy tontas y mal redactadas, y otras un poco más estilizadas, pero todas forman parte de mí y de mi historia. Nunca me importaron demasiado las rimas, ni la medida de los versos, lo que me llevaba a escribirlas era más importante que todo eso, necesitaba reflejar, aliviar algo que me incomodaba, que me hacía sufrir y llorar, y de alguna forma lo lograba. Amo todo lo que escribí y también lo que escribiré, recuerdo exactamente lo que quise decir con cada una, aunque hayan pasado años de haberlas creado.
Todavía me espera una historia, la única que empecé a diagramar y a planificar pero que quedó en eso, un proyecto que quiero y voy a terminar, es la historia de vida de mi nona, esa es mi causa pendiente, la única con preparación, con recolección de datos que tengo y tuve en mente, y que es un sueño que algún día concretaré.
Esto tampoco significa que no haya escrito otras cosas pero la mayoría fueron tareas escolares.
Recuerdo que empecé a hacerlo cuando me regalaron mi primer diario íntimo a los ocho años, allí ponía todo lo que me pasaba durante el día, más adelante sólo cuando se trataba de una ocasión especial ya fuese buena o mala, y al ir creciendo sólo me dediqué a escribir para desahogarme. Todavía sigo teniendo cuadernos, llenos de frases y pensamientos.
Creo que siempre fui una enamoradiza y la mayoría cuenta sobre historias de desamores y de amistad.
Cuando era chica intenté escribir cuentos extensos pero siempre los dejé por la mitad, una vez de haberlos empezado tenía que terminarlos porque para mí ya no era lo mismo, con el paso de los días se perdía la esencia de lo que quería transmitir y los abandonaba.
Junto con la llegada de la preadolescencia también llegaron los problemas sobre la identidad (lo que soy, lo que no soy, lo que quiero…). Desde ese momento las poesías tanto en verso como en prosa fueron el instrumento para plasmarme a mi misma. Reconozco que son confusas, nunca quise que nadie las entendiera del todo, son cosas que quiero guardar para mi misma y para el destinatario inventado por mí para que las leyera, por eso están llenas de metáforas y poseen pocas explicaciones.
La mayoría son triste y algo trágicas, por lo que ya comenté, algunas son muy tontas y mal redactadas, y otras un poco más estilizadas, pero todas forman parte de mí y de mi historia. Nunca me importaron demasiado las rimas, ni la medida de los versos, lo que me llevaba a escribirlas era más importante que todo eso, necesitaba reflejar, aliviar algo que me incomodaba, que me hacía sufrir y llorar, y de alguna forma lo lograba. Amo todo lo que escribí y también lo que escribiré, recuerdo exactamente lo que quise decir con cada una, aunque hayan pasado años de haberlas creado.
Todavía me espera una historia, la única que empecé a diagramar y a planificar pero que quedó en eso, un proyecto que quiero y voy a terminar, es la historia de vida de mi nona, esa es mi causa pendiente, la única con preparación, con recolección de datos que tengo y tuve en mente, y que es un sueño que algún día concretaré.
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